Soy un cocinero frustrado. Así como lo oyen. Soy de aquéllos que cocinan sin previo conocimiento. De este modo, me han salido unos platos riquísimos, que me han valido "justa" fama en varios lugares, principalmente en lo de doña Amparo, al pie del Santo Cerro.
El problema es que cuando me preguntan por la receta no sé qué decirles, porque cocino "de inspiración".
He "descubierto" platos increíbles porque jamás nadie se ha atrevido a pensar en ellos. Por ejemplo, cociné el otro día un "pastel" en base a: mangú de plátanos semimaduros, pulpa de mango yamaguí, puré de papas previamente horneadas, aceitunas y alcaparras, orégano, yerbabuena, aceite verde y sal.
¿Cómo? Primero preparé un enorme sartén de teflón y lo puse a fuego lento. Luego cogí una olla gigante y casi la llené con los ingredientes. Primero el mangú: le agregué un "chin" de orégano y dos o tres alcaparras; seguí con la pulpa de mango bien batida, le agregué dos aceitunas bien picaditas y una hojita de yerbabuena pulverizada a pilonazo limpio.
Agregué las papas horneadas bien majadas, otra hojita de yerbabuena y sal al gusto. Todo junto, estuve no menos de diez minutos batiéndolo concienzudamente.
Finalmente, eché todo en la sartén, a la que 5 minutos antes había añadido aceite verde y empezó la parte más peliaguda del plato: moverlo todo, con un cucharón de roble hasta que, previas probaditas, por si acaso, entendí que estaba a punto.
Busqué una batea mediana, la "tapicé" de lechugas y "acomodé" todo en ella, artísticamente.
Finalmente, agarré un enorme rábano, lo lavé bien y lo enganché en la punta de una ramita de laurel y la clavé en el medio de todo.
Entonces cogí mi batea y la presenté a las amigas que esperaban ansiosas en la terraza delantera de la casa. Ojo: dije amigas porque es corriente que cuando yo voy donde doña Amparo, de 72 años y amiga mía desde la infancia, todo el "público" presente sean damitas de entre 15 a 25 años.
Puse la batea en el medio del grupo, sobre una mesita, me serví una porción. Entonces vino la "sesión de teatro". Mientras masticaba, cerré los ojos y emití unos quejumbrosos "ay Dios mío, Lúculo come hoy en casa de Lúculo"....
Abrí los ojos e invité a las presentes. Plato y cuchara en mano, le marcharon al pastel "a tambor batiente".
Comieron un primer plato y se sirvieron un segundo, lo que aproveché para llevarme a la cocina lo poco que quedaba para "mi uso personal".
Finalmente les brindé unas "frías", pagadas con "mi propio peculio", a pesar de ser consocio de los fabricantes. Para terminar vinieron las preguntas y respuestas. Que cómo había hecho ese plato, con cuáles condimentos....
Para salir del plato, dije que es una "receta secreta". La verdad es que no recordaba qué rayos le había echado.
Salí "por la puerta grande". Es una forma de decir. Humildemente, me quedé 2 horas más, para recibir las felicitaciones, los abrazos y uno que otro beso en mi casta frente.