La violencia en la República Dominicana se está moviendo en una espiral creciente. Luego de un período de calma, de la implementación ampliada del programa de Seguridad Democrática y su plan Barrio Seguro, los muertos están volviendo a llevar la agenda diaria de los principales medios de prensa nacionales.
Y ahora la preocupación es mayor, porque ya no son víctimas de atracos, robos o violaciones por parte de delincuentes, sino que se están matando entre sí, aquellos que supuestamente portaban armas para su defensa personal.
Llevar en un revólver cargado en el bolsillo ha dejado de ser una garantía contra la delincuencia, sino que se ha convertido en una especie de lamentable carta de triunfo en cualquier discusión donde el portador del arma no quiera salir perdiendo.
La razón de la discusión o polémica puede ser tan aparentemente trivial como la que motivó el enfrentamiento de los jóvenes que se asesinaron a balazos en el parqueo de la discoteca Loft. Quizás el motivo no un simple roce con una chica o un piropo mal dicho. A lo mejor, es como dicen algunos y se trata de un mal intento de cobrar una vieja deuda.
En este momento en que los muchachos ya están enterrados, las razones han dejado de ser importantes. Lo que se debe tomar en cuenta es que esos jóvenes no portaban esas armas supuestamente para agredir a nadie ni para cometer fechorías, su interés era sólo tener un medio de defensa y ahora están muertos.
El que la epidemia de las armas haya salido de la confrontación de agresión-defensa entre delincuentes y víctimas y haya trascendido a enfrentamientos entre ciudadanos, es más que preocupante.
Por eso, aunque está claro que las autoridades deben intervenir para que no proliferen las armas entre los que practican la delincuencia como modus vivendi, no se puede pedir solamente que se desarmen a los delincuentes, porque quienes utilizan las armas para cometer delitos, por lo general no utilizan armamento de manera legal.
El llamado de la Pastoral Juvenil para que haya un desarme general constituye un intento significativo, que lo más seguro que no llegue a nada y se estrelle como agua de borrajas en los muros del Congreso Nacional y el cabildeo de los comerciantes de armas y de aquellos a quienes verdaderamente no les interesan que disminuyan los fallecidos a causa de las armas de fuego.
Otra víctima lamentable de los últimos días fue el de la estudiante Jessica Rodríguez, a manos de su profesor de Educación Física, quien al no ser correspondido por la joven, consideró que ella no merecía vivir y eludió el mismo la Justicia al descerrajarse un tiro.
Un hombre decidió terminar una discusión con su vecina matándola a ella ya su hermana e intentando asesinar a las dos hijas de su víctima.
Cuatro muertos a disparos por un móvil tan fútil como el tapón del tanque de la gasolina de una passola. Entre los fallecidos, un policía, dos miembros de la Fuerza Aérea Dominicana, uno de ellos hijo del ayudante del Vicepresidente de la República.
Y así continúa el listado de las muertes sin sentido, muchas de las cuales se hubieran evitado, si discutir actualmente no fuera un diálogo de pistolas y balazos.