Es un círculo vicioso infinito si creemos que la inseguridad ciudadana la resolveremos armándonos todos hasta los dientes. Es más, es al revés, porque mientras más armas de fuego estén en manos de los ciudadanos mucho más peligroso se torna el ambiente en que nos movemos.
Armados todos quizás podemos llegar a tener la sensación o la seguridad incuestionable de que al menos todos estamos preparados para matarnos unos a otros.
Las armas de fuego por lo regular sólo ocasionan dolor para quienes son víctimas de ellas, y sobre todo sus familiares, y para quienes las portan y terminan dándoles un uso criminal, o al menos sangriento. Los familiares igualmente de quienes ejecutan un arma de fuego sufren las consecuencias de estos hechos.
No resulta cómodo para ningún familiar tener a alguien indicado como un asesino, aun cuando encuentren cómo aminorar la pena o algún grado de impunidad. En ocasiones puede resultar peor.
El tema es complejo sobre todo para los dirigentes políticos, pues ocurre que muchos militantes y funcionarios oficiales son portadores del arsenal que anda regado en malas manos en todo el territorio nacional. Los dirigentes políticos no abordan el tema con seriedad, como casi nunca lo hacen con ningún tema importante para la sociedad.
Muchos incluso no reconocen méritos en ninguna acción de sus adversarios. Asumen la lógica de que la política es oponerse a todo y negarse a reconocer cualquier medida positiva. Se hace oposición rindiendo tributo casi absoluto al concepto de oposición, y siendo así la posibilidad de que gobierno y oposición aborden este tema del desarme de la población, incluyendo a sus dirigentes, les resulta complejo.
Lo cierto es que la inseguridad ciudadana es un serio problema que afecta a la República Dominicana y cada vez más. Se corre riesgo con la práctica violenta para encarar las diferencias y ocurre lo mismo cuando se trata de la delincuencia callejera que mata para robar.
Hay que aspirar a tener una sociedad en paz y segura. Si queremos eso tenemos que quitar la posibilidad de que cualquiera pueda apelar a un arma de fuego para disparar.