Desde hace algún tiempo, las autoridades sanitarias de Estados Unidos han venido advirtiendo sobre la toxicidad y hasta letalidad del ingrediente químico "Dietilene gyclol", usado en productos distintos.
Ese ingrediente fue aplicado a un jarabe para la gripe que causó en Panamá más de cien muertes de pacientes que lo tomaron.
Es tan especial que, según se dice, se emplea también para el sistema hidráulico de freno de los vehículos y para el líquido de enfriamiento de los motores.
El solo hecho de que esta sustancia tenga tan mortífero poder debió poner en alerta, desde hace mucho, a todas nuestras autoridades para evitar que, en forma de pasta de diente o de cualquier otro producto "medicinal", fuera consumida sin restricciones o advertencias en este país.
Nadie se explica cómo pudieron entrar por los puertos nacionales siete furgones con las pastas dentales Mr. Cool y Excel, que poseen este ingrediente, como si se tratara de comida para animales.
Y lo peor es que, después de ese evidente contrabando, el producto haya podido venderse libremente en el mercado sin que las autoridades sanitarias exigieran los debidos registros de ley, porque los envases decomisados no lo dicen.
Si no hay una advertencia previa desde Panamá, que fue el lugar de donde reembarcaron esa mercancía hacia República Dominicana, probablemente hubiésemos pasado por la triste experiencia de los panameños, que vieron morir a decenas de ciudadanos sin saber por qué, hasta que descubrieron que en un jarabe para la gripe estaba la sustancia mortífera.
Para la próxima, más cuidado, más alerta y más precaución.
Es lo menos que pueden pedir todos aquellos que no desean morir tan tontamente en este país.