Sin ánimo de presionar o someter a una camisa de fuerza al primer ejecutivo de la nación existe la percepción generalizada de que el doctor Leonel Fernández Reyna se ha tornado titubeante en la designación del nuevo Cónsul General de la República Dominicana en la ciudad de Nueva York.
Luce que el mandatario dominicano se encuentra sumergido en un espinoso marasmo ante la disyuntiva de mantener al actual incumbente consular o elegir, en justicia, al ingeniero Carlos Feliz, dinámico perredeísta de larga data y fiel protagonista del triunfo leonelista en la gran urbe neoyorquina.
Da la sensación de que el tiempo transcurrido y las reflexiones realizadas por el Presidente Fernández Reyna, pertinentes en este tipo escogencia, han sido más que suficientes como para evitar conjeturas innecesarias, estados anímicos pesarosos y lo que es peor aun, inercia en la continuidad de las labores consulares en una metrópolis de tanta principalía para la República Dominicana.
En los bullangueros corrillos de la política vernácula circula la versión que el actual inquilino del consulado en referencia se muestra sumamente interesado, en su derecho, en continuar ocupando la atractiva posición, sin tomar en consideración el tiempo que lleva desempañando el cargo ha permanecido en el cargo y los ineludibles compromisos políticos partidarios que podría tener el enigmático gobernante con los genuinos representantes del leonelísmo en la belicosa y poderosa plaza de Nueva York.
Ante la obcecada actitud del mencionado cónsul se insiste en recordar la validez que tendría, sobre todo en estos tiempos, el mantener viva la cadena de relevo entre quienes han de manejar los asuntos de migración y comerciales en extranjero, asumiendo como expresión de justa valoración y reconocimiento a aquellos que, tanto en las contiendas internas como externas de partido en el gobierno, han puesto de manifiesto su entrega y lealtad a la organización política y a su máximo líder.
Lo ya señalado tiene, en los actuales momentos, un nombre propio cimentado en la dedicación y en el tesonero trabajo político, respaldado por una militancia que de cara al sol hizo aportes significativos en la materialización del triunfo electoral perredeísta para mantener vigente en el solio presidencial al doctor Leonel Fernández Reyna.
Se trata de un joven, dinámico, emprendedor, decidido, por demás, respetuoso y disciplinado bajo las normas del partido morado y de la estrella amarilla, profesional de la ingeniería y amigo solidario en el momento en que más se le requiere.
Pura y simplemente, su nombre es Carlos Feliz y su esperada y acertada escogencia implicaría, a su vez, un reconocimiento la entrega, el trabajo y la fidelidad de los miembros de la base perredeísta que, desde el exterior, han sabido dar ejemplo de abnegación y sacrificio.
Presidente Fernández Reyna se espera por su reacción....
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