Secuestros políticos como el perpetrado contra la señora Ingrid Betancourt no son la principal actividad de las denominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP), sino más bien recursos de relaciones públicas e instrumentos de presión política.
Ese tipo de secuestros, que son los menos, son los que preocupan al mundo y conquistan titulares, pero de los que mantienen al garete a las familias colombianas, sobre todo a las de mejores ingresos, no se ocupa ni el presidente Nicolas Sarkozy, ni Hugo Chávez, ni Piedad Córdova, y esos son los que se cometen a diario y rara vez se publican en algún medio, pero que constituyen uno de los pilares financieros de las FARC-EP.
Por lo general se resuelven rápido y sin mayor intermediación. Se captura al objeto, se entra en comunicación inmediata con la familia y se cobra el rescate, operación que reporta no menos de cincuenta millones de dólares anuales a las finanzas de las FARC, pero ese tampoco es su principal medio de financiación, sino un ingreso tan colateral como el que les representa el robo de ganado, que se mueve entre 25 y 30 millones de dólares.
Las dos mayores fuentes de ingreso de las FARC son el gramaje y la vacuna. El primero es un impuesto por cada gramo de coca y el segundo es un seguro antisecuestro que pagan empresarios, comerciantes y finqueros para moverse en paz.
El gramaje puede aportar ingresos superiores a los mil millones de dólares, mientras que la vacuna, representa ingreso por 600 millones, tributo que también es pagado por las empresas que manejan obras concesionadas como carreteras y acueductos, para que no sean dinamitados.
Pedir a las FARC-EP que se desmovilicen y negocien un acuerdo de reinserción es pedir a muchas personas que abandonen un negocio rentable, cosa que, sin embargo, a algunos, entre los que estaba Raúl Reyes, les podría interesar, porque las botijas les permitirían una vida sin preocupaciones.
El inconveniente es que las FARC están catalogadas como organización terrorista por 31 países del mundo, entre los que están la propia Colombia, Perú, Estados Unidos, Canadá y todos los de la Unión Europea, que lo que quieren lograr con Francia, por vía de la ciudadana francesa-colombiana Ingrid Betancourt, es que ese país influya para tumbarle esa terrible denominación.
Afortunadamente el mundo ha creado unos entramados que reducen la movilidad de cualquier organización terrorista, por más rica que fuere. No hay bancos que les acepten depósitos ni les muevan transacciones, si siquiera a través de algún insospechado testaferrato, porque las operaciones de lavado están supervigiladas.
Los procesos políticos sudamericanos han representado para las FARC una combinación de malas y buenas noticias. Malas, muy malas han sido las de elección y reelección del presidente Alvaro Uribe en Colombia, que después del operativo del 1 de marzo ha pasado a contar con una aprobación interna de un 84%; pero también les han llegado, y en algunos casos ellos también han propiciado, notas muy simpáticas, como las de los triunfos consecutivos de Hugo Chávez y las elecciones de Daniel Ortega, Evo Morales y Rafael Correa, que por cierto este último ha pegado el grito al cielo con un reportaje de investigación esta semana en El País, de España, en el que se exponen datos de sus vínculos con las FARC, de modo que ya no sólo de trata de acusaciones del "mentiroso" de Uribe ni de "inventos" de los Estados Unidos. El gobierno ha calificado la publicación como parte de una conspiración mediática y el periódico ha respondido que el poder siempre ve conspiración en las noticias que no le resultan simpáticas.
Por cierto, la soberbia de un gobernante que es capaz de darle la espalda a otro que le ha ido a saludar, se puso de manifiesto esta semana una vez más, cuando se le ha ocurrido mandar a callar nada más y nada menos que al presidente Bush, lo que es recibido como irrespeto por parte de la opinión pública estadounidense, por más impopular que sea su presidente.
Con mayor prudencia se ha estado manejando Hugo Chávez, que no quiere verse sometido ante la Corte Internacional de la Haya, aunque dice que no le importa, pero esta semana tomó la iniciativa de llamar a Uribe para pedirle que "no permitamos que nos pongan a pelear". Ese hombre más reflexivo es el fruto de un referéndum, que le ha puesto fecha límite a su permanencia en el poder.
Dispersas en seis pedazos, de los cuales sólo cuatro están en guerra armada, porque un quinto está en las cárceles divorciado de sus jefes anteriores, y otro actúa por la Internet, sin un centro de mando que las unifique, y con unos aliados internacionales que tendrán que recogerse, las FARC se reducirán cada vez más al rol vandálico que las extinguirá en el repudio.